Qué fantástica es esa tecnología que hace que todo sea más cómodo, ¿no? El reconocimiento facial es un buen ejemplo, y en Estados Unidos ya han comenzado a usarlo en aeropuertos que usan este sistema para evitar tener que ir mostrando la tarjeta de embarque o el documento de identidad. No más malabarismos con las maletas: con tu cara basta para pasar los controles. Fantástico, insistimos.

O quizás no, porque el departamento de aduanas de Estados Unidos ha confirmado que se ha producido una brecha de seguridad que ha permitido que sean robadas decenas de miles de caras que habían sido registradas hasta el momento. La comodidad es fantástica hasta que supone una (nueva) amenaza para la privacidad.

Vístete despacio que tengo prisa

En Estados Unidos parece que tengan prisa por implantar ideas sin que exista regulación preparada para lidiar con los efectos colaterales de su aplicación. Ocurre con muchas áreas como la inteligencia artificial, y desde luego estos sistemas de reconocimiento facial están relacionados con este ámbito.

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Lo contaban en The Washington Post, donde comentaban cómo la tecnología de reconocimiento facial lleva al menos dos años usándose –con polémica incluida– en varios aeropuertos y en varias aerolíneas que operan allí. JetBlue dispone de sus “e-gates”, puertas de embarque que precisamente funcionan con ese reconocimiento facial que ya ha escaneado 150.000 caras en los últimos dos años.

Como explicaban allí, esta tecnología lo tiene todo para convertirse en una trampa. La trampa de lo cómodo. De hacernos las cosas más fáciles sin pensar demasiado en las consecuencias o tratar de evitarlas. Más allá del debate sobre si ese reconocimiento facial es o no una otra invasión de nuestra privacidad (lo es), su aplicación debería estar regulada y muy controlada. Y no parece que lo esté.

El Customs and Border Protection (CBP) que gestiona las aduanas en Estados Unidos reconocía cómo la subcontrata utilizada para ese escaneo facial y también para el escaneo de matrículas de coches que entran y salen del país había sido hackeada. El incidente, afirman, afectó “a menos de 100.000 personas”, como si la cifra fuera pequeña.

Además, aseguraban, “ni los pasaportes ni las fotografías de los documentos de viaje se han visto comprometidos”. Un ciberataque similar hace unas semanas dice lo contrario, porque según otra investigación de The Washington Post las imágenes y los datos acabaron en la Dark Web.

Ni el sistema está preparado ni parece buena opción

En el informe del WaPo quedó claro que esta tecnología no estaba preparada para el despliegue que estaba teniendo. A pesar de las afirmaciones del CBP, cuyos responsables afirman que es muy superior a otras alternativas a la hora de “identificar equivalencias erróneas” entre fotografías, los errores parecen más frecuentes de lo que están dispuestos a admitir.

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De hecho esa tecnología no funcionó para el 15% de los pasajeros que usaron por ejemplo la “e-gate” de JetBlue. El Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos afirmó que la precisión era del 98% cuando vendió la idea, pero esa tasa está muy lejos de la conseguida por JetBlue.

Los problemas derivados de esa tasa de error son enormes, y aunque los chequeos en la puerta de embarque no son lo exhaustivos que podrían ser -eso ralentizaría aún más un proceso engorroso y muy pesado- son las aduanas a las que se enfrentan los viajeros las que controlan precisamente esa entrada y salida de viajeros.

Teniendo en cuenta todos estos problemas, no parece que el reconocimiento facial sea tan buena idea para estos escenarios. En España Aena puso en marcha una prueba piloto de embarque de pasajeros a través del reconocimiento facial, y pese a la comodidad que puede suponer el proceso, solo esperamos que esa alternativa siga siendo (como mucho) eso: una alternativa que no obligue a los viajeros a usarla en lugar de usar su documento de identidad y su tarjeta de embarque.

Es una alternativa más cómoda, seguro. Pero como ocurre con otros sacrificios que hemos hecho en el pasado en pos de una vida más cómoda, quizás esta nueva amenaza a la privacidad y la seguridad debería dar muchas más garantías antes de ser implantada de la forma que lo está haciendo.